Dulce Hogar?
Muy luminoso, a una cuadra de Congreso de Tucumán, dormitorio con una confortable cama matrimonial, luz natural y un amplísimo placard. Realmente un chiche!
Unos dos ambientes pequeñísimos en los que la pareja estaba cómoda y feliz cuando solo eran dos.
Pero como a casi todos los matrimonios mayores de treinta, los apura el reloj biológico, no dudaron en planear la llegada de su primogénito. Las condiciones estaban dadas para que ello sucediera, así fue como comenzaron la incesante búsqueda…
La irrupción en el seno familiar del niño, trajo alegría, el famoso pan bajo el brazo y la consagración de la familia como tal.
Pero no todo fue positivo…también acarreó el inminente desalojo del dormitorio para ser cedido al pequeño desde el primer día en la casa. ¿Con que necesidad?
Ellos se sentían ocupas en su propia morada, tuvieron que regalar la confortable cama (bue regalar es una forma de decir, la enviaron por expreso a la casa de ella en el interior del país) para pasa a dormir en un triste sofacama en el medio del living...
De lo único que seguían haciendo uso era del placard, que continuaba siendo amplísimo como cuando llegaron al depto., porque la economía familiar se había deteriorado de tal manera que ni pilchas compraban, párrafo aparte para continuar explayándose en el tema de la economía familiar.
Quien no detestaría a su hijo, si cada mañana al levantarse siente que su columna vertebral está prácticamente rota y a pesar de ello deberá guardar el colchón para seguir simulando que en el living hay un sillón, como debería y no su cama.
La farsa de la familia feliz se puede sostener cuando uno no vive en las condiciones adecuadas?